Había expectación. Operación Triunfo cruzaba de nuevo el Atlántico dispuesto a demostrar que un formato que ha marcado a varias generaciones en España también podía encontrar su sitio en Estados Unidos. Telemundo apostaba por una versión propia, Natalia Téllez se ponía al frente y David Bisbal ocupaba una de las sillas del jurado. Sobre el papel, había ingredientes suficientes para que OT USA tuviera recorrido. La realidad ha sido bastante diferente.
Ni siquiera la final consiguió escapar del caos. Wandy se convirtió en el primer ganador de OT USA, llevándose 100.000 dólares y un contrato para impulsar su carrera musical.
Pero uno de los momentos que debía generar mayor tensión de toda la edición terminó convertido en un error difícil de creer: antes de que Natalia Téllez anunciara oficialmente el resultado, el nombre de Wandy ya podía verse escrito en el enorme cheque del premio. David Bisbal terminó descubriendo accidentalmente ante las cámaras quién había ganado.
Un desenlace casi perfecto, aunque por las razones equivocadas, para resumir una edición que nunca terminó de encontrar su sitio.
Lo curioso es que Operación Triunfo ya sabe perfectamente lo que significa fracasar. En España vivimos en 2011 una edición que también terminó antes de tiempo. Quince años después, Estados Unidos ha conseguido escribir otro capítulo incómodo en la historia del formato.
¿Significa esto que Operación Triunfo no funciona fuera de España? Probablemente no. Quizá simplemente demuestra que no basta con comprar el nombre de OT para conseguir aquello que hace especial a OT.
La Academia necesita tiempo, los concursantes necesitan convertirse en personajes reconocibles y el público necesita sentir que forma parte de su evolución.
OT USA quería encontrar una nueva estrella. La encontró: Wandy. Pero por el camino perdió algo bastante más importante para cualquier programa de televisión: al espectador.
OT USA se despide después de seis semanas. Una primera edición breve, accidentada y difícil de olvidar. Un sonado fracaso.
